En el octavo arte, hay muchos caminos para mostrarle a la gente lo que sientes. Si estás frente a paisajes, puedes buscar colores más apagados y azulados, o por el contrario atardeceres y amaneceres con tonos amarillentos y alegres.

En el caso de que lo tuyo sea la fotografía callejera, puedes decantarte por imágenes que representen lo más decadente de la sociedad, o por momentos de auténtica felicidad y bondad social. Sea cual sea tu estado emocional, puedes adaptar tu creación a ello. Pero, ¿cómo muestras de cerca, lo que otras personas sienten? La respuesta es RETRATOS.

          Con ellos puedes acercarte al interior de las personas, ver todo lo que guardan en él, y retransmitírselo al mundo en forma de tics, gestos, miradas o guiños capturados en una sola instantánea. Y precisamente de miradas voy a hablar en el siguiente apartado. Desde mi punto de vista son, dentro de los retratos, de los elementos más poderosos e impactantes junto con la gestualidad. Sin duda vas a necesitar mucha práctica hasta llegar a ser un auténtico reportero de sentimientos. Yo todavía soy un novato en esto y llevo practicando bastante tiempo.

¡Pero rendirse no es una opción! Si lo haces te aseguro que nunca serás bueno en esto.

La caligrafía de los ojos

Como decía un poco más arriba, los ojos son de los elementos más importantes en este tipo de imágenes. Más allá de dos pequeñas canicas situadas a los lados de la nariz, y protegidas por las cejas (en mi caso bien gordas y negras para no pasar desapercibidas), son como dos faros que nos dan la luz necesaria para ver lo que sentimos. El punto en esto, está en saber otorgarles la importancia que merecen a través de una sola imagen.

        Si dispones de un estudio y buen material profesional, tendrás la oportunidad de redirigir toda la atención hacia el lugar que quieras resaltar sin dejar zonas mal iluminadas, y sin perder así profundidad e intensidad. Pero si por el contrario eres como yo, y los retratos son algo más “caseros”, con tu modesta cámara y como mucho un flash externo de gama media, tendrás que tirar de ingenio y empeño.

Lo primero es que no quieres cegar a la persona que quieres retratar, si lo haces, sus ojos lo único que mostrarán será malestar y poca visión. Así que utiliza luces que no sean muy potentes y no deslumbren al sujeto.

 

Sitúa el enfoque en los ojos, no en el centro de la cara. De esta manera la cámara y el objetivo reconocerán la Ojosprofundidad de la escena y dejarán los ojos del retratado completamente nítidos, obviando los detalles más superfluos que puedan distraernos de un contacto visual directo. Si te fijas en algunos buenos ejemplos de esto, verás cómo al observar una imagen, inconscientemente te fijas en las pupilas y comienzas a sentir una especie de conexión con la persona de la imagen, llegando incluso a generar prejuicios sobre su personalidad. Ahí comienza la magia de la fotografía de retrato.

          Una vez que los ojos tienen tu atención, entran en juego el resto de elementos del retrato. Y es que es aquí donde se verán las verdaderas diferencias entre un retrato normal o ciertamente atractivo, y uno realmente abrumador. ¡La guinda del pastel! Arrugas, gestos involuntarios, ceños fruncidos, incluso una pequeña elevación de la comisura de los labios. Todos esos detalles dotan a la fotografía de un realismo sin igual. Al tiempo que te permiten imaginar por qué tiene esa cicatriz ahí, o porque esboza una medio sonrisa dibujada en la cara si está frunciendo el ceño, o muchos más por qué. Y esa es la piedra filosofal del retrato, hacerte imaginar en las miles de posibilidades que un rostro puede hacerte pensar en cuanto a emociones se refiere.

Colores y expresiones, dos íntimos amigos

Las fotografías son el resultado del buen manejo de la iluminación y los colores. Lo más habitual en este estilo artístico es el uso del blanco y negro. Muchos piensan que esto se debe a que “cualquier foto en blanco y negro queda bien”, y en cierta medida, y dependiendo de qué fotos, estoy de acuerdo con ellos.

          En este caso en concreto, al eliminar cualquier color y dejar todo en negro y el blanco, provocarás que cada detalle y elemento de la cara sean visibles y reciban toda la atención posible. Evitando que los colores generen puntos de interés que realmente no son interesantes. Al mismo tiempo, el contraste producido entre estos dos colores otorga un grado de profundidad muy interesante que nos permite ver el volumen de las mejillas, los pliegues de las pequeñas arrugas de expresión, e incluso la anchura de la nariz.

Sin embargo, no vale con “transformar” una imagen a blanco y negro para tener una fotografía de retrato perfecta. Sino que además de luces, objetivo, habilidad, y expresión de la persona fotografiada, necesitarás calibrar los ajustes del blanco y negro con algún programa de edición (Lightroom o Photoshop son los más conocidos). Así conseguirás aumentar los contrastes, subir o bajar la potencia de los negros o de los blancos, controlar la exposición (el nivel de claridad de la foto. Algunos me matarían por definirlo así) y muchos otros conceptos.

Con todo esto, y sabiendo que me dejo muchos detalles atrás, puede parecer que hacer retratos es sencillo. Pero crear fotografías de retrato auténticamente buenas, y que sean capaces de cautivarnos y hacernos imaginar o sentir emociones, es mucho más complicado de lo que crees.

 

¡No esperes más, sal a crear mundo con tus fotografías!

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